A veces con mi té en la mano y mi pensamiento dentro de mi mente me siento en la terreza a contemplar a aquellos ojos brillantes que se aproximan a Elda por la autovía. A veces el flujo de luces es muy amplio y no te deja perder rastro de ellos, las miras y las miras a pesar de que algún sonido llamativo pretende hacerse hueco en tu mente.Son las noches más bonitas, aquellas en que sentada en el suelo de la terraza o apoyada en la varandilla de ésta, sientes el frescor de la noche y la tenue luz de la Luna. Hueles la taza de té, aquella que trajiste a Elda desde Tullamore, un precioso y pequeño pueblo del centro de Eyre. Una taza especial, con unos colores que acompañan y unas formas que te envuelven más en la mágia de saborear un buen té. Y tú estás ahí, en la soledad del edificio, contemplando como el mundo se va parando a medida que van pasando las horas... Todo el mundo duerme. Y tú estás en tu balcón, más viva que nadie, con más ganas de disfrutar de esa tranquilidad que la vida te ofrece, y que la noche aguarda.
Hay sensaciones tan maravillosas en la vida, que a veces no nos damos cuenta que existen y que las sentimos, pero están y nos acompañan en muchos momentos, aunque solo hay que saber hallarlas. Son momentos únicos, que te hacen sentir única y te hacen vivir. En la vida hay cosas que no se pueden comprar con dinero, porque en esos instantes te sientes pagada por la vida.
Por eso cuando me siento axfisiada, cojo un cazo, hiervo agua, y lo pongo en mi bonita taza irlandesa con un sobrecito de té, le añado leche y le hago acompañarme a saborear la noche en la terraza de mi casa. Un balcón que esconde historias mágicas...
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