miércoles, 5 de septiembre de 2007

Nadie como tú, todos como nadie

¡Qué bonitas las vacaciones en Finestrat! ¡Qué manera de disfrutar descansando! Sin fiestas nocturnas y con mucho sol. Y Finestrat, una cala preciosa, en la que cada noche la brisa la convertía en un sitio mágico, lleno de personas, quizás, interesantes de conocer.

Y allí estaba él. Un tio genial que llevaba la bandeja sin igual. Sus ojos eran dos gotas del mar que reinaba hasta la orilla de esa playa y su sonrisa, algo andaluza, deleitaba a las niñas, más bien adolescentes, que acudían día tras día a comer a su bar. Mi primera sensación hacia él fue de indiferencia, posiblemente por la ceguera que mi corazón trasportaba como si de vino estuviera "jarto", pero con los días me di cuenta de que era ese tipo de tio del que piensas: "madre mia como está el pequeño, y además mírale que salero tiene..." Y no le quieres mirar por si acaso el tio se da cuenta de que le lanzas rayitos ahí de... de... de algo, vamos. Y sin embargo, tú le miras en una actitud de decir a ver este chico que comportamiento tiene hacia mi, y ves que tu mamy te hace un gesto como diciendo "hija súbete un poco el escote, que con poco que se vea sobra", y ,lo subes con disimulo y él se ha percatado que te estás subiendo un poco el telón para dejar al descubierto solo alguna parte de tu cuerpo, porque se empieza poco a poco.

Y llega la noche que tienes que despedirte del tio que mejor a servido tu mesa desde que tienes uso de razón y ves lo que hay detrás de una bandeja. ¡Ole, ole y ole!!! ¡Viva Mérida y los extremeños!! Y no puedes evitar recordar, mientras te vas al centro de Benidorm en un bus nocturno, la carita que se le puso al pequeño cuando le dijiste "bueno encantada de conocerte, mañana ya nos vamos" y él responde..."¿que ya se van? ¿Ya no las voy a volver a ver más?", y se queda jodido, que te lo digo yo. ¡Ah! y eso del plural lo utiliza para disimular, que lo sé yo... Y no puedes evitar pensar que ya no le vas a pedir un sandwich mixto ni le vas a ver como se acerca a tu mesa y te dice "¿todo bien?"

Pero le has engañado, jeje, y al día siguiente vuelves y se le pone una cara de... ¿qué estoy viendo? y sus labios se estiran ligeramente hasta convertirse en una sonrisa angelical. Y esta vez, claro tienes que comer y dices "buas hoy le sorprendo" y le pides una ensalada. Cuando acabas de zampar, le pides la cuenta y piensas "¿le escribo mi número en la factura y le dejo la propina encima?", pero piensas que qué sentido tendría si te vas en unas horas. Y, ¿a qué no sabéis que guardo de él? Un paquete... no, no una bronca que me echara por comer poco, ni tampoco un paquete merienda, no no... Un paquete de chicles "Trident Splash de Menta". Sí, lo miré por todos los lados, y su móvil no está escrito. Hombre, pienso que no le dio tiempo a escribirlo... Digo yo...

Y como dicen que no hay dos sin tres, y que algún día en la vida tienes que caer bajo, allí que me plantaré a ver que ocurre con ese chaval del que digo y reitero que: "Nadie como tú, todos como nadie". Ese es mi camarero favorito... Alberto.

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